Paco Ruiz

TOP 10. Década 2010 – 2019.

La década llega a su fin (aunque según la RAE, no) y las listas sobre las mejores películas de esta última década llevan varios días rondando por el vasto universo de la red. Como si el mes de diciembre no contara. Desde la redacción de Altercine, nuestro compañero Paco Ruiz, ha decidido mojarse y revelar los films que, según nos comentaba, me han dejado con el culo torcido durante toda esta década. Al no querer complicarse la vida en demasía, ha ordenado su personal Top 10 (con Bonus, incluido) según fechas de estreno. El listado va acompañado por breves comentarios que contextualizan el por qué de cada obra.

¡Allá vamos!

1. I Saw the Devil (Kim Jee-woon, 2010)

A Carlos Boyero no le gustó nada esta película. Hasta olvidaba en su crítica, con una apabullante desidia, la filmografía del director, Kim Jee-woon, quien acababa de marcarse un redondo hat-trick con A tale of two sisters, A bittersweet life y The Good, the Bad and the Weird. Si a los que les gustó, el crítico les invitaba a ir al psiquiatra, a mí hasta me pagaría las sesiones. La pieza del coreano subraya la violencia con una elegante puesta en escena enmarcada dentro de un ritmo atroz, provocado por el tenso juego del gato y el ratón entre los personajes. No hay concesiones hacia nadie, ni hacia el espectador, en sus casi dos horas y media de metraje. Una magistral lección de cine.

2. Laurence Anyways (Xavier Dolan, 2012)

He de reconocer que Laurence Anyways llegó a mi vida unos años más tarde de su estreno, descubriendo al autor y a la obra a la vez. Audaz y veloz, la energía de Dolan impregna todo; hasta el más simple sus diálogos. Tiene un poderío, propio de las óperas primas, que no había visto desde Kontroll de Nimród Antal (otro fantástico film, diría yo). Agarra el mínimo gesto y lo envuelve de épica. Poco se valora que esta era su tercera película y que tenía la tierna edad de 23 años cuando la estrenó. Como Laurence, el film no entiende de restricciones ni de complejos, se permite ser vanidoso cómo y cuándo quiere. En su momento tuve ciertas dudas sobre si incluir esta o Mommy, otra pieza clave en la filmografía del director (y no sólo por ese momentazo con acompañamiento de Oasis) que se ha quedado fuera de la lista por poco.

De regalo, para que tengáis una buena BSO mientras leéis.

3. The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)

Esta secuencia y el hecho de que Paul Thomas Anderson es, a mi parecer, uno de los mejores cineastas que han pisado la faz de la tierra, es todo lo que tengo que decir acerca del hipnótico laberinto emocional que se llama The Master.

4. Mapa (León Siminiani, 2013)

Si en la vida hay algo más difícil que encontrarse a uno mismo, peor tiene que ser descubrirse a través de tu propia película. Al contrario de lo que piensan la mayoría de personas con las que comparto su visionado, el tema está ahí, y no en la relación que ha llegado a su fin; la cual simplemente actúa como detonante de la avalancha que le persigue. Plenamente consciente de sí misma, que reluce por su expresión metalingüística, el formato experimental y su charlatanería, evoca un gesto de completa desnudez, tan sincero y humilde, como rara vez he visto en el cine. Lo único que me saca de quicio fue saber de esta película durante mi periplo en la ESCAC; escuela y película hablan idiomas distintos, y una de ellas no se merece a la otra. Ahí lo dejo.

Bonus Short: Con este cortometraje empieza Mapa.

5. Whiplash (Damien Chazelle, 2014)

Recuerdo que, tal y como salí del cine tras verla, volví a entrar para un segundo visionado. Jamás lo habría vaticinado. Pero es que es una de esas piezas en la que no dejas de mirar el reloj, sólo para maldecir el avance del tiempo. Su estructura y estilismo recuerdan al Hollywood más clásico pues, entre otras cosas, Chazelle buscaba rodar los conciertos como si fuesen persecuciones del cine de gángsteres. Tiene un halo de ese cine negro generado por la desconcertante actitud de J.K. Simmons, ganador de un merecidísimo Oscar por su papel en la película. Vibrante y maliciosa, roba el habla con su clímax final, perfectamente ejecutado. Si la machacona batería de Birdman me provocó la jaqueca más grande que he sufrido en una sala de cine, la de Whiplash hasta me limpió la cera de los oídos. Delicioso visionado, que encrudece su discurso al contraponerlo precisamente con el siguiente film del realizador, La La Land, que está diametralmente opuesto al tono y al mensaje.

6. Force Majeure (Ruben Östlund, 2014)

Me la voy a jugar aquí, sin querer meditarlo, diciendo que Force Majeure tendría todas las papeletas de ser mi película favorita de la década (porque, recuerden amigos, esta es mi lista; mía, y de nadie más, así que no se lo tomen personal).

Elaborada diserción sobre el núcleo familiar, a través de la deconstrucción de la patética figura paterna. Rodada con una precisión enfermiza. El cineasta se empecinó en grabar no mucho más que un plano secuencia al día, lo que les permitió desarrollar las distintas posibilidades de la acción hasta la perfección. Por eso, en la mayoría de las ocasiones, las tomas que vemos en la película son las últimas que se rodaron en cada jornada. Una de las recompensas más claras que obtenemos, debido a la ejecución de este planteamiento, se puede apreciar en este clip, en el que el manejo de la cámara, las intervenciones de los personajes, el uso de los colores (ese azul brillante en contra del apagado) e incluso la canción elegida, desembocan en una conjunción de ritmo perfecto que lleva al espectador de la mano, con sutileza, para revelar el viaje anímico de los protagonistas.

Por eso, cuando el film se quedó fuera de las nominaciones de los Oscars, a la Mejor Película de Habla No Inglesa (premio que fue para La Gran Belleza de Paolo Sorrentino), rápidamente se hizo viral este vídeo en el que el director presenciaba en directo, junto a su productor, el anuncio de las nominaciones de aquel año. Su reacción no tiene desperdicio. Al menos pudo resarcirse cuando su último filme, The Square (2018), sí le valió la tan ansiada nominación.

7. Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015)

Cuando George Miller anunció que estaba desarrollando una nueva entrega de Mad Max, tras las de un cerdo y un mogollón de pingüinos bailarines, nadie le creyó. Demonios, ni aun con la entrada en la mano nos lo creíamos. Ni siquiera cuando la crítica puso a la película por las nubes a pesar de la sencillez del contenido (pero con una estructura y efectividad, ACOJONANTES). Como presume Christopher Nolan (si es que alguna vez no presume de algo): teniendo a Tom Hardy en pantalla, no es necesario ni que hable; lo dice todo con la mirada. Y, que me aspen, tiene toda la razón. Tom Hardy, esa bestia parda que podría vencer a toda la flota de freaks, que le persigue por el desierto, con un simple gruñido. Pero entonces no tendríamos película, claro. Y no se crean, Charlize Theron jamás se queda atrás. Razón de más para que en la cocorota de Miller ronde la idea de hacer otra entrega, centrada sólo en ella.

La definición última de acción lleva de sinónimo el título de esta película. La banda sonora, el color, el montaje… Nada desentona en este frenesí visual.

8. Sieranevada (Cristi Puiu, 2016)

Todos los posters y banners, son lo peor de la película.

Sin dormir, recién llegado de Madrid, y con el corazón hecho trizas por el desamor, acudí al SEFF sin saber qué ver. Sieranevada, mismo. Una dramedia de casi tres horas acompañada por las buenas impresiones del crítico Manu Yañez. ¿Qué podía ir mal? Nada. Si existen películas que te cosen las heridas del alma, esta debe ser una de ellas. Auténticas risotadas provocadas por el drama. Distintas generaciones, pensamientos ideológicos, religiosos y económicos…, la familia protagonista se viste de las dispares realidades sociales que conviven en la Rumanía actual. Encierra a los personajes espacial y temporalmente (casi toda la acción tiene lugar en un piso y en el transcurso de un día) y los enfrenta entre ellos. Expone a su país ante el mundo, su identidad, su circunstancia. Una verdadera joya del cine.

9. The LEGO Batman Movie (Chris Mckay, 2017)

La primera vez que leí sobre esta película, la definían como si Michael Mann dirigiera About a Boy (film que me vuelve loco, todo hay que decirlo). Y tengo que confirmar que consiguieron el objetivo. Porque, antes de continuar, necesito que comprendan una cosa. The Dark Knight de Christopher Nolan me parece una obra maestra. El salto evolutivo que se produce entre Batman Begins y esta es inanerrable. Quizás el último bloque, con los ferries, cueste algo más de digerir en posteriores visionados. Aun así, restarle puntos por tal cosa es ponerse demasiado fino. La película es redonda. Por eso, no me tiembla el pulso al escribir que The LEGO Batman Movie es la mejor película que se ha hecho de Batman, en la historia. Lo recalco porque, cada vez que lo traigo a coalición, nadie me toma en serio. Y quizás se trate del momento en el que le hablo con mayor seriedad a cualquier persona.

Quien no vea EL DRAMA, en esta escena, tiene un problema.

El cariño de sus responsables hacia el producto, es enorme. Hay un trato delicado en equilibrar la balanza de realizar una película para los más peques de la casa y que, además, no sólo la puedan disfrutar sus padres, sino todo aquel que esté familiarizado con el personaje y las desgracias que siempre le acechan. ¡Qué diantres! Humanizan a los LEGOs, empatizamos con ellos, ¿desde cuándo eso no tiene mérito? Rebusca en el espíritu del superhéroe (al igual que en los de sus sidekicks), se toma su tiempo, a la hora de redescubrirlo, a pesar de los numerosos sprints que disparan referencias, gags e ideas constantemente. The LEGO Batman Movie debería ser canon en la historia del hombre murciélago. Ya se puede esmerar Robert Pattinson para intentar superar a Will Arnett.

Hasta tomas falsas, hay.

10. The House That Jack Built (Lars Von Trier, 2018)

¿Cómo narices se pasa de una película con LEGOs a la siguiente parida del bueno de Von Trier? Hay cosas que ni yo entiendo de mí mismo. Precisamente, hace justo un año, tuve la oportunidad de visionar la película en un preciosísimo cine de Dinamarca. Pero es que son tres horas…, tonto de mí, dije. Me arrepiento al nivel de aquella vez que rechacé la edición especial del primer Metal Gear Solid, que traía hasta camiseta. En fin, la vida. Un olvidado Matt Dillon se mimetiza en su creador, para hablar del arte y de cómo este se genera, a través de la violencia extrema. Ególatra y misógino, como él sólo podía ser, circunnavega por el género del terror para contar su historia en bloques, en instantes concretos de su vida. Hacernos entender que hay capas más alla del perfil psicópata de Jack, entremezcladas con la filmografía del propio Von Trier; ahí es donde reside la genialidad de esta historia que no conoce el significado de la palabra indiferencia. Habla de todo y de nada a la vez, en este particular, y literal, descenso a los infiernos.

Bonus

Pimero, por no dejar huérfano a ningún año.

  • 2011: Como este año se encuentra fuera de la lista oficial, digo dos y vosotros decidís por mí: Killer Joe & The Turin Horse.
  • 2019: Quizás es por lo reciente, y por las que aún tengo pendientes, pero ninguna se me ha hecho lo suficientemente brillante como para dejarme con la boca abierta. Es probable que el desempate esté entre Ad Astra y Parasite. Quizás, incluso, me plantearía hacer un Cahiers du Cinéma y meter ahí a Chernobyl. Pero de las otras ‘grandes’, nada. Marriage Story estaría en un Top 10 del 2019, aunque su efecto en mí sea como el de Blue Valentine: una brillante película que jamás volveré a ver en la vida, tanto por el desastroso estado emocional en el que me deja, como por todas las trampas que utiliza para dejarme así. The Irishman es tan excesiva que enreda entre sus virtudes hasta perderlas. Once Upon a Time… in Hollywood y Joker me resultan unas mamarrachas sin pies ni cabeza (sí, habéis leído bien; y no, no tengo ganas de buscar polémica). Midsommar y Doctor Sleep, las expectativas estaban tan altas que la caída aún me duele. Pendientes tengo algunas potenciales, como El Hoyo o The Lighthouse, pero hasta que no las visione, me quedo igual.

Segundo, analizando esta lista, llego a las siguientes (y preocupantes) conclusiones finales:

  • Carlos Boyero y yo, no casamos. Ese hombre tiene una intransigencia, por lo violento, que me desconcierta.
  • Trending Topics del listado. Familias desestructuradas, búsquedas de la identidad, la metanarrativa y la violencia, tanto en su máxima como en su mínima expresión.
  • No he sacado el cronómetro, pero la duración media de estas películas está por encima de las dos horas. Que no se diga.
  • Aún sigo sin saber cómo ha llegado aquí The LEGO Batman Movie.
  • Menos entiendo el bloque justificativo de 2019. Si no me obligo a parar, me casco un artículo sólo de por qué no hay películas de 2019 en mi Top 10 de la década.

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