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Flop Office: ¿feminismo en Hollywood?

Hollywood lo construyeron mujeres y judíos, porque eran las personas a las que no admitían en otras profesiones más respetables. No lo tomaron (a Hollywood) como un modelo de negocio serio, aclaraba la historiadora Cari Beauchamp. Una de estas mujeres fue Alice Guy Blaché, pionera por dirigir una película en 1896; con toda probabilidad también se trató de la única directora en el mundo hasta el 1906. Entre 1911 y 1925, la mitad de las producciones fílmicas estaban escritas por mujeres, y era el público femenino el que conformaba un 70% de su audiencia. Poco después, en 1927, una poderosa Greta Garbo convencía a Louis B. Mayer para recibir la cuantiosa cantidad de $5,000 semanales. Estos son sólo unos brevísimos ejemplos del estatus de la mujer como el pilar central de la industria. ¿Qué ha ocurrido para que dicha imagen se devalúe? ¿Seguirá el presente oscureciendo su futuro? A continuación, valoramos algunas de las circunstancias claves para el entendimiento del papel que posee la mujer en el panorama cinematográfico actual.

The Hollywood Reporter atribuyó, a comienzos de este año, que sólo un ocho por ciento de las directoras y un dieciséis por ciento de las guionistas del 2018, eran mujeres. En el caso de las actrices mayores de 40 años, apenas representaban la cuarta parte del total de personajes femeninos del cine mundial durante la última década. En tal caso, ¿cuál es el lugar de la mujer dentro de la industria? Una cuestión en pleno auge tras los estrenos de dos de las películas más esperadas de año: Once Upon a Time… in Hollywood (Quentin Tarantino, 2019) y The Irishman (Martin Scorsese, 2019).

En la primera, la icónica actriz Sharon Tate se personifica en Margot Robbie con un insignificante rol en la historia de Charles Manson. Que a Tarantino le guste jugar con nuestras expectativas para asombrarnos, no es ninguna novedad. En cambio, sí sorprendió su reacción cuando una periodista asumió que aquello “fue una decisión deliberada de su parte y quería saber por qué no la escuchamos hablar tanto”. A lo que, visiblemente molesto, el director respondió con una frase tajante: “Bueno… Simplemente rechazo tu hipótesis”. En el segundo film, el extenso metraje calla las palabras de Anna Paquin, Peggy Sheeran, hija del personaje de Robert De Niro, condenándola al triste anecdotario de secundarios. Corriendo la misma fortuna que Tarantino, Scorsese frenó el cuestionamiento periodístico, escudándose tras motivos narrativos: “¿Y qué se supone que tengo que hacer? Si la historia no lo necesita… es una pérdida de tiempo para todo el mundo” El propio elenco no tardó en salir a la palestra para defender las intenciones del realizador.

Podéis activar los subtítulos al español en las herramientas.

Pero…, ¿hasta qué punto estas decisiones no son un reflejo sintomático de la postura masculina en el negocio del dólar? De semejantes preguntas surgen estudios como el Gender earnings differentials among hollywood stars (Diferenciales de género en las ganancias de las estrellas de Hollywood), que llevaron a cabo las españolas Sofía Izquierdo y María Navarro en universidades británicas. Investigaron sobre la brecha salarial, analizando 1.433 películas y 267 estrellas, entre 1980 y 2015. Los resultados evidenciaban la brutal ausencia de equidad en lo económico.

Precisamente, Elizabeth Banks, actriz y directora en el remake de Los Ángeles de Charlie (2019), señala la imagen del dinero como símbolo del poder. Símbolo del que carece su película, acribillada por las críticas negativas y por el batacazo monetario tras recaudar $55,888,859, a nivel mundial, habiendo costado unos estimados $48,000,000. Aunque sus palabras no frenaron el declive del film, sí advertían de la preocupación común por el futuro de este tipo de películas.

“La gente también tiene que comprar entradas para esta película. Esta película tiene que ganar dinero. Si esta película no gana dinero, refuerza un estereotipo en Hollywood de que los hombres no van a ver a las mujeres a hacer películas de acción. Sí, los hombres irán a ver una película de cómics con Wonder Woman o Capitana Marvel porque el cómic es un género masculino. Entonces, aunque se trata de películas sobre mujeres, las ponen en el contexto de un mundo de cómic más grande.”

“Por lo que, sí, están viendo una película de Wonder Woman pero es porque esa película está preparando a otros tres personajes, o estará preparándose la Liga de la Justicia. Por cierto, estoy feliz de que esos personajes tengan éxito de taquilla, pero necesitamos más voces de mujeres apoyadas con dinero porque ese es el poder. El poder está en el dinero”.

Elizabeth Banks (Charlie’s angels, 2019)

Sus palabras, bien motivadas, no son del todo acertadas. Existe una contrariedad en las dos películas que ejemplifica. Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017) fue el primer proyecto del DCEU (Universo Extendido de DC) que adquirió la independencia de aquel plan maestro, que en paz descanse, ideado por Zack Snyder. Un presupuesto estimado de $149,000,000. Una recaudación de $412,563,408 en USA y de $821,847,012 en todo el mundo. Un 76/100 en Metascore. Con un 93/100 en el portal de Rotten Tomatoes. Es más, durante el transcurso de su tercera semana en las salas de cine de USA, alcanzó el 52% de espectadores femeninos, lejos del consagrado 38% en este tipo de adaptaciones cinematográficas. El poder está en el dinero, sí. Y en el resto de números. Con estas cifras, Wonder Woman desbancó a las sucesoras masculinas del universo compartido y marcó un precedente. Tanto es así que en unos meses veremos su secuela y, en un futuro no muy lejano, un más que probable spin-off sobre las amazonas (no es el primer spin-off que se elabora dentro del marchitado DCEU, Aquaman se adelantó con los preparativos de un film de terror centrado en La Fosa; aunque no creo que se pueda ejemplificar si tenemos en cuenta que la premisa inicial engloba a los monstruos que habitan en el abismo de Atlantis).



Por otro lado, Capitana Marvel (Anna Boden & Ryan Fleck, 2019) sí muestra las flaquezas que expone Banks. Es la sexta película que más ha recaudado en la historia del MCU (Universo Cinematográfico de Marvel) en USA, con $426,829,839 y un presupuesto estimado de $175,000,000, superando el billón en el mercado internacional. Puntuaciones de 64/100 en Metascore y un 78/100 en Rotten Tomatoes. Buenos resultados que palidecen ante las aspiraciones iniciales de la casa del ratón. Sobre todo cuando la película se asienta en justificaciones argumentales de otros eventos y personajes de la franquicia, olvidando convertir al personaje de Brie Larson como el nuevo estandarte heróico de la saga. Se dice que ha perdido tal popularidad entre el público que Marvel estaría planteándose incorporar a Spiderman en una secuela que podría tantear el arco narrativo de Secret Wars. Y si miramos de cerca la audiencia obtenida, comprobaremos que aquí el público masculino vuelve a ascender al 55%.

Los estudios encubren las miradas misóginas con desacertadas políticas de género, forzando la irrupción entre los distintos públicos. Hasta en Independence Day los alienígenas eran más sutiles en su forma de actuar. Al menos, Wonder Woman, sin provocar una ruptura total con el rol de las mujeres en el cine de acción, pues en el centro de sus motivaciones siempre se encuentra Steve Trevor, interpretado por un seductor Chris Pine, puede servir como el primer impulso para desarrollar personajes femeninos tridimensionales e independientes, dentro de la rama más comercial de la industria.

Sin embargo, Elizabeth Banks, no tiene en cuenta otros factores como detonantes de su fracaso. Más allá de la calidad del film, que no es irrelevante, la fiebre del remake/reboot de franquicias ya olvidadas (o demasiado queridas para ser revisadas) agota a nuestras retinas. El más claro ejemplo es el nuevo remake de Navidades Negras (Bob Clark, 1976), que ya tuvo otra descorazonadora versión en el 2006, de la mano de Sophia Takal. Decepción monumental a la que se le ve el plumero cada vez que intenta reivindicar cualquier gesto feminista.

A este retroceso creativo en Hollywood, hay que sumarle la incorporación del concepto gender-swap (cambio de género), tachado de genérico y oportunista, que consiste en rehacer antañas producciones, intercambiando el género del reparto protagonista. Así, surgen remakes como el de Ghostbusters (Ivan Reitman, 1984) en Ghostbusters (Paul Feig, 2016). Ocean’s 11 (Lewis Milestone, 1960) mejoró su aspecto con el remake Ocean’s Eleven (Steven Soderbergh, 2001), que tras dos secuelas volvió a ver la luz en una continuación protagonizada por mujeres y denominada Ocean’s Eight (Gary Ross, 2018). ¿En qué piensan las mujeres? (Nancy Meyers, 2000) y ¿En qué piensan los hombres? (Adam Shankman, 2019). O el film Dos pícaros sin vergüenza (Frank Oz, 1988) en Timadoras Compulsivas (Chris Addison, 2019), por poner algunos ejemplos. Hay más que se quedan en el tintero, os lo aseguro. Y aunque la mayoría de estos largometrajes se tambaleen económicamente (Ocean’s Eight es la que mejor se sostiene en ese aspecto), por regla general son vilipendiados por la crítica y el público. Otro gesto bizarro es que un gran número de estas películas se encuentren dirigidas por hombres, incluso cuando las orginales han sido realizadas por mujeres, como podrían ser los casos de ¿En qué piensan las mujeres? o Después de la boda (Susanne Bier, 2006).

Actualmente, este tráiler consta de más de 1,100,000 de dislikes en la plataforma.

Faltan voces diferentes, arriesgadas, que transmitan nuevas ideas sobre la feminidad. Como las óperas primas del humorista Bo Burnham (Eight Grade, 2018) y de la actriz Olivia Wilde (Booksmart, 2019), que abarcan la mirada adolescente de unas jóvenes que empiezan y terminan el instituto, respectivamente. Historias originales, más comedidas, pululan por el sector indie de la industria.

En cambio, la saturación de las adaptaciones cinematográficas no parece pervertir el deseo de trasladar el empoderamiento de la mujer al cine más comercial. Falta que hace. Ahí está Estafadoras de Wall Street (Lorene Scafaria, 2019), basada en un artículo The Hustlers at Scores: The Ex-Strippers Who Stole From (Mostly) Rich Men and Gave to, Well, Themselves, publicado en la revista New York Magazine y escrito por Jessica Pressler, que narra las estafas de un grupo de estripers hacia a varios ejecutivos de Wall Street. El Escándalo (Jay Roach, 2019), que se estrena en las salas españolas el 28 de febrero de 2020, cuya historia real fue uno de los detonantes del movimiento #MeToo; versa sobre la cruzada contra Roger Ailes, fundador, presidente y director ejecutivo de Fox News, que se aprovechó de su posición de poder para acosar sexualmente a sus empleadas, al igual que otros ejecutivos de la cadena (supongo que os sonará un tal Harvey Weinstein, ¿verdad? Pues seguid conmigo porque también tiene su lugar en este artículo debido a sus polémicas declaraciones más recientes). Por otro lado, una habitual como Greta Gerwig se atreve a adaptar la novela Mujercitas, entusiasmando a unos y a otros. No parece razón suficiente para nominar a la directora a Los Globos de Oro ni para incluir al reparto en las nominaciones a los Premios del Sindicato de Actores (Screen Actors Guild Award), a pesar de estar entre las favoritas de la crítica.

Por más que el éxito acompañe a estas producciones, ausencias como la de Gerwig empañan la visualización del trabajo de las mujeres en el tejido industrial. Para generar conciencia, se están implementando en las producciones cinematográficas una serie de mecanismos que pasamos a desglosar a continuación:

Test de Bechdel: Baremo que surge como chiste en el cómic Unas lesbianas de cuidado, el cual es elaborado por la dibujante Alison Bechdel en 1985. Acabó sirviendo como referencia para analizar la importancia de las mujeres respecto a la de los hombres. Pasaban el test aquellas historias que incluyeran un mínimo de dos personajes femeninos, que conversaran entre sí y que sus diálogos no se centraran en hombres. Algunas películas que han pasado este test son: Midsommar, Us, Timadoras Compulsivas o Booksmart, entre otras. Podéis comprobarlo en la web: bechdeltest.com No obstante, son muchas las voces que acusan a este test de hallarse desactualizado y que va siendo hora de ponerlo a descansar y buscar otros nuevos.

Test de Uphold: Pretende mirar más allá del elenco, exigiendo que en todo el equipo del rodaje haya un 50% de mujeres trabajando en la producción.

El Test de Mako Mori: Basado en la única mujer relevante de la película Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013), pide que el arco narrativo del personaje femenino no esté diseñado para apoyar la historia de un hombre. Curiosamente, este mismo personaje fracasa en pasar el test en la secuela Pacific Rim: Insurrección (Steven S. DeKnight, 2018).

Test de Landau: Noga Landau, guionista de The Magicians, pretende que haya una serie de ‘reglas’ que dicten el devenir de los principales personajes femeninos, como evitar que el fallezcan o que sean responsables de conflictos para los hombres.

Test de la Lámpara Sexy: Si puedes sustituir a una mujer por una lámpara sexy y la historia te funciona, significa que tienes que reescribir tu guión, fue la propuesta de la escritora de comics, Kelly Sue DeConnick.

Tira original que dio paso al Test de Bechdel

– Otros test llamativos son el de Koeze-Dottle, Rees Davies, Peircel, o White, entre algunos otros que ya incluyen aspectos raciales (y de los que hablaremos más detenidamente en posteriores artículos).

Que se cumplan estas premisas depende de los creadores, sí; pero también de los directivos que otorgan la pasta. Continuando con este hilo, hace un par de días, The New York Post recogió unas declaraciones del malogrado productor Harvey Weinstein, enemigo público del movimiento #MeToo, con las que pretendía hacer borrón y cuenta nueva para obviar públicamente sus abusos sexuales en favor de los presuntuosos logros profesionales, adquiridos a lo largo de su carrera, utilizados para impulsar las filmografías de no pocas mujeres en la industria del cine, según sus propias palabras.

Quiero que esta ciudad reconozca quién era yo [antes], en lugar de en lo que me he convertido.

Me siento como un hombre olvidado. Hice más películas dirigidas por mujeres y sobre mujeres que cualquier productor, y estoy hablando de hace 30 años. No estoy hablando ahora cuando está de moda. ¡Lo hice primero! ¡Fui el pionero! Todo se destruido por lo que sucedió. Mi trabajo ha sido olvidado.

Harvey Weinstein

Es importante visualizar estos crímenes y, en el caso de Weinstein, la justicia puede marcar un antes y un después durante el juicio previsto para el 6 de enero de 2020. Si fuese declarado culpable se enfrentaría a una condena perpetua.

Lo que sí es irrefutable es que aún queda mucho camino por andar. El papel de la mujer en Hollywood, aunque a ritmo muy lento, comienza a recuperar la importancia perdida. ¿Y en el resto de países? Próximamente, esperamos contestaros a eso echando un vistazo a nuestra industria, aquí en España.

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